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Un paseo por Valderrobres (Teruel) y sus monumentos el 12/5/2012, 17:54
La historia asociada a la villa es asombrosamente antigua. Restos encontrados en la cima, nos dicen que ya era conocida en tiempos de los iberos, pero su importancia como elemento definitorio empieza en tiempos de la dominación musulmana, cuando algunas fuentes empiezan a asociarla con el Conde Aznar Galindo, fundador del condado de Aragón. según parece, él mismo, o más posiblemente alguno de sus continuadores toma “la caixa” como punto estratégico desde el que dirigir sus ataques a las posiciones musulmanas.
Desde entonces será conocida como peña de Aznar Lagaya, siendo este último término una deformación del vocablo medieval que definía precisamente una caja.
Acabada la reconquista, Alfonso II en su documento de donación al arzobispado de Zaragoza, llama al valle en el que hoy se asienta Valderrobres “Valle de la peña Aznar Lagaya” definiendo con ella todo el territorio. En los siglos posteriores, La Caixa ha ido acumulando leyendas e historias a su alrededor y ha sido desde refugio de pastores hasta objeto de culto pagano, llegando hasta el presente y siendo el mejor testimonio de las raíces más antiguas de Valderrobres y también de Beceite, municipio vecino, que comparte la mitad de la peña con el municipio valderrobrense.
Se entra al casco antiguo por un puente gótico sobre el Matarraña, Difícilmente podría Valderrobres tener una entrada más espectacular que la que le brinda el impresionante puente medieval y el portal de San Roque. Pieza fundamental de su arquitectura e imagen perfectamente reconocible allí donde se mencione el pueblo.
La construcción del puente parece estar asociada a la de sus murallas, así que podríamos fechar el inicio de las obras para construir el mismo en torno a 1390, con la petición que el arzobispo García Fernández de Heredia hace ante Juan I para construir dichas fortificaciones. Mucho más difícil seria afirmar con seguridad la fecha de su conclusión, seguramente a principios del siglo XV y estando Valderrobres bajo la prelatura de Dalmao de Mur responsable también de las plantas más altas de nuestro castillo. Se trata de un puente completamente medieval, de cuatro agujeros, extremadamente sólido y provisto de tajamares en forma de cuña pensados para protegerlo de fuertes riadas y evitar la acumulación de troncos. En el siglo XVI se asienta sobre su último tramo el ayuntamiento, modificando por tanto el aspecto del puente en su tramo final al conectar con la plaza. El puente atraviesa la antigua puerta principal de acceso al recinto amurallado. A finales del siglo XVI este portal fue consagrado a San Roque, protector ante las epidemias y Patrón de la población, quedando hoy en día como uno de los portales mejor conservados de todo el conjunto.







Nada más cruzar el puente, se llega a la Plaza de España donde se encuentra el Ayuntamiento y otros edificios de interés. El Ayuntamiento se trata de un edificio inspirado en el ayuntamiento de Alcañiz, aunque aquí se añadiría una lonja con fines comerciales además de los administrativos y judiciales que ya poseía de por si el edificio. Se construye bajo las órdenes del maestro Antonio de Champanach dentro del estilo manierista y se termina en 1599, fecha que aparece esculpida en piedra en el escudo de la fachada.









Un paseo por las estrechas y medievales calles de Valderrobres nos trasladan a otra época.









Castillo de Valderrobres
En 1175, tras la Reconquista Cristiana de los territorios de la llamada peña Aznar Lagaya, el rey Alfonso II de Aragón donó Valderrobres al obispo de Zaragoza, Pedro Torroja. En el documento de esta donación se habla de la necesidad de construir un castillo, de cuya existencia ya hay constancia documental en 1305.
En 1307, el arzobispo de Zaragoza se convierte definitivamente en señor feudal de este territorio y poco después impulsa la construcción de Valderrobres más monumental, siendo el arzobispo Pedro López de Luna el primero en hacerlo entre 1340 y 1349.
A partir de 1390, el arzobispo García Fernández de Heredia reemprende las obras transformando definitivamente la vieja torre defensiva en un palacio-residencia. Tras su asesinato, la construcción quedó paralizada hasta que en 1431, otro arzobispo, Dalmau de Mur, se interesó por el territorio y centró su mecenazgo en la conclusión de obras empezadas en el castillo e iglesia.
Desde el siglo XVI, el castillo-residencia del Arzobispo de Zaragoza fue raramente utilizado. El desuso fue haciendo mella en él y sólo en contadas excepciones como en la intervención de Hernando de Aragón entre 1539-1575, encontró algo de su antiguo esplendor. El arzobispo Juan Cebrián fue el último en habitarlo, en 1656.
En el siglo XIX, las desamortizaciones hicieron que el edificio pasase a propiedad del Estado, lo que significó su abandono e inicio de más de un siglo de ruina y expolio.
Afortunadamente, en la década de 1980, el monumento comenzó a ser restaurado y a utilizarse como lugar habitual de acontecimientos culturales, convirtiéndose así en un espacio para la cultura y en punto de referencia de la localidad de Valderrobres y la Comarca del Matarraña.



El recibidor es la primera estancia que encontramos al acceder al castillo.
En el muro izquierdo se abre una puerta que nos conduce a las caballerizas, la única sala que conserva su techo original: una impresionante bóveda de cañón apuntada.

Subiendo por las escaleras desde el recibidor, entramos en la Sala Capitular. Esta habitación, rodeada por un banco de piedra, fue probablemente utilizada como sala de espera donde los visitantes esperaban el momento de ser atendidos por el señor.

Planta primera. Distribuidor. Este pórtico construido en el siglo XVI, en época del arzobispo Hernando de Aragón, sirve de distribuidor para acceder a las estancias de la planta primera. Ésta contaba además con una necesaria o retrete, ubicada en el lado norte, junto a la cocina.


Salón de las chimeneas. Estamos en la estancia más grande y señorial del castillo. Como todas las de la primera planta, tenía como prioridad la comodidad del señor y por eso encontramos en ella hasta tres chimeneas y cinco ventanas "festejadoras". Estas ventanas son propias de muchos castillos palaciegos y permitían al señor sentarse a disfrutar de las vistas exteriores en sus bancos paralelos.


Salón Sur. A través del Salón de las Chimeneas, accedemos al Salón Sur, una de las salas privadas del arzobispo. En origen, estaría dividida en al menos tres partes. La principal sería la central, que abarcaría la primera ventana festejadora y la chimenea. Tendría distintos usos según quien fuera el señor que habitase el castillo, desde despacho, hasta sala de estar.

Cocina. Junto al Salón de Chimeneas, está la cocina, que posee una espectacular cúpula sobre trompas que facilitaba la salida de humos del fogón central, situados sobre una elevación cuadrada en medio de la estancia. La cocina contaba con dos pasaplatos para servir rápidamente la comida en el salón, un horno y un desagüe.

Planta segunda. Patio. En la zona norte de esta planta es donde mejor podemos ver lo que queda de la vieja torre defensiva que dió origen al castillo. La cúspide la roca natural en torno a la que estaba construida aún sobresale en el centro y la parte trasera conserva las ventanas "saeteras" pensadas para disparar las ballestas sobre los posibles atacantes. A esta primera etapa constructiva pertenece también la necesaria ubicada en el lado norte. El resto de esta planta se construyó a mediados del siglo XV, por iniciativa del Arzobispo Dalmau de Mur.


Estancias altas. Galerías. A través de una escalera metálica que replica el trazado que en su día tuvo la original de madera, llegamos a las estancias altas. Aunque hoy día la parte alta del castillo constituye uno de los mayores atractivos del monumentos por sus espectaculares vistas, en sus orígenes, la utilidad fundamental sería la de ser simples graneros, utilizados de tanto en tanto como habitaciones para el servicio.



Sala de los leones. La sala que vemos sin suelo ni techo, pero que sí conserva sus ventanas y chimenea, era la llamada Sala de los Leones. Esta sala desaparecida y denominada así por estar adornada con las esculturas de estos animales; sería de uso privado del arzobispo. En origen estaba dividida en dos por un tabique: a la derecha una pequeña antesala iluminada por la primera ventana; a la izquierda, la propia sala de los leones que disponía de una chimenea.



Planta baja. Torre y pozo de la mano peluda. Una puerta da acceso a la planta inferior de la que debió ser la torre del homenaje del castillo. En el centro se abre un hueco que conduce hasta una sala subterránea, el llamado pozo de la mano peluda que pudo cumplir la función de mazmorra.


Bodega. Bajando el última tramo de escaleras accedemos a la sala más inferior, la bodega.

Última edición por rubendavid el 7/10/2012, 19:02, editado 1 vez























